Lo primero que me llamó la atención fue la polución, cuando no soplaba el viento, el cielo amanecía turbio e impenetrable, tapando el sol y malhumorando a la gente. Tuve que cortarme las uñas muy cortas porque la suciedad se pegaba a las manos y una hora después de salir de la ducha, las teñía negras. Sonarme los mocos era un poema, los kleenex salían negros, de la polución que respiraba. Aquí podéis ver la diferencia entre un día claro, con viento, y un día de polución. Las fotos están hechas desde el mismo sitio, en la ventana de mi clase en la academia.


Mi primera visita cultural fue a la Ciudad Prohibida y la plaza de Tian`an men. La plaza de Tian`an men es increíblemente grande, tiene cabida para más de 1 millón de personas, y está flanqueada por el parlamento chino y el museo nacional de china. Al norte está coronada por la Ciudad Prohibida, en cuya entrada está la famosa grada roja con el retrato de Mao. Toda la zona estaba repleta de militares, banderas comunistas y cientos de cámaras que monitorizaban cada milímetro de la plaza. Fue curioso ver aquella grada donde los mandamases comunistas veían pasar los desfiles militares con sus enormes misiles.




Beijing es una ciudad de grandes contrastes, junto a un mega edificio super nuevo hay descampados con casuchas donde la gente vive sin agua corriente y apenas electricidad. Alrededor de Tian`an men hay enormes avenidas con mega hoteles de lujo y sedes de bancos con nombres rimbombantes. Hay centros comerciales con Zara, Gucci, Starbucks y Mc Donalds, donde un café vale lo que el sueldo de una semana de un obrero, y donde hay aparcados Ferraris y Hummers de los miembros del partido o la clase alta de los chinos. En uno de estos centros había una gigantesca pantalla en el techo que simulaba el fondo marino. Con sus peces en movimiento y todo.

Después de un mes en Beijing, afirmo, totalmente convencido, que es la ciudad más capitalista que conozco. Allí todo se compra o vende, uno vale lo que su bolsillo abulte. Si tienes ojos redondos eres como un monedero andante para los chinos, te intentarán timar hinchando los precios de todo. Todo se regatea, ¡hasta una tarjeta telefonica en una tienda oficial! Hay que tener mucho cuidado en los alrededores de Tian`an men, se te acercan multitud de chicas que dicen ser estudiantes de inglés y quieren practicar el idioma, y que si te tomas un café con ellas. En fin, que te llevan a un café donde tras un rato de conversación y dos cafés te piden 50 u 80 eurazos por la consumición, y como ya te los has tomado... a pagar! Estas chicas son los reclamos de cafeterías que se dedican al timo al guiri, cosa muy común allí. Yo ya iba sobre aviso, pero pude constatarlo, en los escasos 20 minutos que estuvimos allí se nos acercaron como 10 grupos de chicas con el cuento del idioma.
Si vas a comprar algo en algún mercado, te pedirán un precio 600 veces superior al que vale. Yo he llegado a comprar cosas, tras media hora de regateo y simular que me voy y que no me gusta el objeto, por un 8% de su precio inicial, y aún así te vas con la sensación de que te están timando, que lo podías haber conseguido más barato...
Pero volviendo a lo turístico, después de ver Tian`an men entré en la Ciudad Prohibida (Gugong, en chino). Fue impresionante, la magnitud y magnificencia de los miles de palacios que hay allí. En algunos callejones solitarios o en los parques interiores es fácil imaginarse en la época de los emperadores. Pero varias cosas no me gustaron, en primer lugar, toda la ciudad fue expoliada durante la revolución comunista. La mayor parte de los tesoros se los llevaron a Taiwan los miembros del Kuomitang, partido nacionalista que estaba en el poder cuando la revolución, y cuyos dirigentes huyeron a Taiwan al perder la cruenta guerra civil encabezada por el partido comunista de Mao. Este fue el principio de la separación de esta isla, todo orquestado y favorecido por los americanos y su terror al comunismo en los años 40. Por ello la Ciudad prohibida solo consta de edificios vacíos y parques.



Otra cosa que no me gustó fue la peculiar forma de restauración que tienen los chinos. Cuando los frescos de una pared de un palacio de madera empiezan a estar en mal estado por el paso de los años y parecen viejos... ¡nada mejor que una manita de titanlux rojo! En vez de restaurar, pintan encima. Si un fresco esta viejo, ¡pues pintamos otro encima y ya está! Pa matarlos...en fin.


Eso sí, los jardines interiores son maravillosos, y las enormes plazas, con un diseño que favorece la transmisión del sonido para que la palabra del emperador llegase a todos... Alucinantes.

Fijáos en esta foto, para que luego digan que es un país comunista... Habla por sí sola.
También visité el Templo del Cielo (TianTan). Fue construido en el año 1420 y tanto la dinastía Ming como la Qing lo utilizaron para rogar por las cosechas (en primavera) y dar las gracias al cielo por los frutos obtenidos (otoño).El templo en sí no era muy espectacular, pero estaba enclavado en varios añillos de marmol que significan los distintos niveles del cielo (o algo así) que lo elevaban aún más y transmitía una curiosa sensación de altura y unión con el cielo. Además estaba situado en un parque bastante bonito, en cuyos soportales se reunen los jubilados para jugar al Go (un juego de lógica que se juega con multitud de piedrecitas), para cantar ópera china o para hacer taichi. Esto precisamente fue lo que más me gustó de este parque.




Lo mejor de Beijing, para mi gusto, fueron los Hutongs. Que son los callejones que forman el casco antiguo de Beijing. Ésta es una ciudad de origen mongol. Los conquistadores nómadas basaban su cultura en los caballos, y para ellos era primordial el cuidado de los pozos y abrevaderos. Por eso constuyeron sus casas alrededor de los pozos, y como éstos eran sagrados, todos ellos debían de ser de libre acceso, por eso siempre debía poder pasar un jinete a estos pozos. Con el tiempo y el crecimiento de la ciudad se crearon verdaderas marañas de callejones, del ancho justo para que pasase un jinete a caballo, que terminaban en los pequeños pozos familares. Es aquí donde se siente el auténtico Beijing. En estos laberínticos barrios donde la gente hace vida en los patios, y donde cada rincon parece mágico y ancestral. Por desgracia, con la vorágine constructora desatada por los juegos olímpicos, el gobierno está destruyendo la mayoría para construir enormes mamotretos de hormigón, todos iguales e insípidos.



Por supuesto también pasé por la villa olímpica, para ver el famoso estadio y el "Water Cube".
Hacía un frío increíble, pues soplaba viento del norte, de siberia. Encima no estaba permitido el acceso al estadio, así que me dí una vuelta por allí y huí rápidamente a refugiarme en el metro del viento cortante. La verdad es que el estadio olímpico impresiona, así como el Water Cube parece de plástico y que si le acercas un mechero...




Tengo que reseñar la cantidad de puestos callejeros que ví, en los que se vendían las cosas más repugnantes que os podáis imaginar, desde cartílagos de pollo a escorpiones, pasando por corazones de pato e intestinos de cordero. Delicioso!!!


Y como no podía faltar, hicimos una excursión a la Gran Muralla, a un tramo muy turístico llamado Badaling. Es el más cercano a Beijing, como a una horita en coche. Fuimos con la profe de chino y un amigo suyo. Estuvo muy bien, pero yo recomendaría ir a un tramo algo más alejado y menos masificado. Pese al cielo despejado y el sol, hacía un frío de mil demonios, el viento del norte era como un cuchillo afilado cortándote las mejillas. Menos mal que yo me había comprado un gorro del ejército chino, muy parecido a los gorros rusos, que mantuvo mis orejas calentitas. Ya se que es un poco ridículo, pero ande yo caliente...La muralla es impresionante, es como una enorme serpiente dormida sobre las empinadas colinas. Aunque eso sí, como no podía faltar, donde estaba un poco vieja...Ladrillo, hormigón y que no se diga! Así que pierde el saborcillo a antiguo que un monumento así debería tener.
Subimos a la muralla por un telcabina que parecía a punto de morir y desplomarse. La broma nos costó 6 eurazos, que allí es una pasta. Pero cual es nuestra sorpresa cuando al llegar arriba nos dicen que o pagamos otros 6 euros (60 yuanes) o no podemos acceder a la muralla y nos volvemos por donde hemos venido. Un clásico del deporte nacional chino, el timo al guiri.
Luego, moverse por la muralla fue una paliza, esta increíblemente empinada y a esa altura te falta el aire. Pero mereció la pena, es una de las obras cumbre de la civilización china.





Por último me gustaría mostraros uno de los edificios más impresionantes que ví en Beijing, la nueva sede de la televisión china. Es una maravilla de la arquitectura moderna, un edificio que parece va a caerse en cualquier momento. Costó miles de millones de dólares y está en su fase final de construcción.


En resumen, esta ha sido una experiencia estupenda, he conocido una ciudad muy peculiar, que para mí fue de menos a más. He aprendido bastante mandarín (aunque sigue siendo demasiado poco, que idioma más chungo) y mucho de los chinos. Es una pena que no haya podido ir al Palacio de Verano, según dicen el monumento más impresionante de la ciudad, pero anduve corto de tiempo y el clima no acompañó nada. Queda como mi asignatura pendiente y excusa para volver algún día.


















